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Cuando una factura se mueve, una PyME crece

Ago 11, 2026

Por Autor invitado
Mujer usa calculadora para hacer cuentas.
Juan Manuel Ruiz Palmieri, CEO de Círculo de Crédito, advierte que solo 3% de las empresas en México ha utilizado factoraje desde el inicio de sus operaciones, pese a la necesidad de financiamiento que enfrenta el sector productivo.

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El factoraje puede ser una palanca para que más PyMEs conviertan ventas en capital de trabajo. Pero su verdadero potencial no está sólo en anticipar pagos, sino en construir un mercado con más trazabilidad, certeza y confianza.

Hay empresas que hacen todo bien: venden, entregan, cumplen. Sin embargo, la operación no siempre avanza al ritmo de sus facturas.

Entre emitir una cuenta por cobrar y recibir el pago puede abrirse una pausa que pesa más de lo que parece. Esta se traduce en nómina, inventario, proveedores, impuestos, nuevos pedidos y oportunidades que llegan antes que el dinero.

Para una pequeña y mediana empresa, una factura pendiente puede ser la diferencia entre tomar un contrato o dejarlo pasar; entre comprar materia prima a tiempo o retrasar la producción. Muchas PyMEs no necesitan empezar de cero, ya vendieron, entregaron y demostraron capacidad. Lo que necesitan es que ese valor circule.

La ENAFIN 2024, elaborada por el INEGI y la CNBV, muestra que entre 2022 y 2024, 57.5% de las empresas en el país solicitó algún tipo de crédito. El dato confirma algo que se vive todos los días en la operación, las empresas requieren recursos para sostener inventarios, cumplir compromisos, tomar pedidos y expandirse.

La oportunidad está en mirar con más precisión qué tipo de recursos necesitan. En muchos casos, no se trata de financiar una idea, sino de dar liquidez a una venta, por eso resulta tan relevante que apenas 3% de las empresas haya utilizado factoraje desde el inicio de sus operaciones.

Esa baja adopción también revela una oportunidad: dejar de mirar el factoraje como una salida de emergencia y entenderlo como una herramienta de productividad. Su valor está en anticipar recursos sobre una venta que ya ocurrió, convertir una cuenta por cobrar en capital de trabajo y darle movimiento a una factura que, de otro modo, quedaría detenida en el tiempo.

Cuando una empresa adelanta el cobro de sus facturas, gana margen para invertir, cumplir compromisos y mantener estabilidad operativa.

Durante años hemos hablado del crédito como si fuera únicamente una puerta de entrada al sistema financiero. Necesitamos ampliar esa mirada. Para muchas PyMEs, la pregunta no es si pueden asumir más financiamiento, sino cómo aprovechar mejor el valor que ya generaron.

Fotografía de Juan Manuel Ruiz Palmieri, CEO de Círculo de Crédito.
Juan Manuel Ruiz Palmieri, CEO de Círculo de Crédito.

El mercado muestra que esta conversación avanza. De acuerdo con Factors Chain International, el factoraje en México alcanzó 31,410 millones de euros en 2024. Además, la Asociación Mexicana de Factoraje Financiero y Actividades Similares estima un crecimiento promedio anual de 15% durante los últimos cinco años.

Esto habla de una herramienta que gana terreno porque responde a una necesidad de las empresas. Pero ampliar su uso no será suficiente. El futuro del factoraje también depende de la capacidad del mercado para operar con información verificable.

Saber que una factura existe, que corresponde a una operación real, que no está duplicada y que puede validarse con datos confiables. Ese es el punto de fondo. El financiamiento necesita trazabilidad y la trazabilidad necesita infraestructura.

Otros países de la región ya dejaron pistas. En Colombia, la factura electrónica y el sistema RADIAN fortalecieron la validación de operaciones y permitieron convertir facturas en activos digitales con capacidad de financiamiento. En Chile, un ecosistema basado en factura electrónica, registros públicos y aprobación tácita de facturas llevó al factoraje a niveles de penetración cercanos al 16%.

En México, la penetración se mantiene alrededor de 2.5%, pese a que el país cuenta con una infraestructura financiera robusta. Ese dato no debe leerse como una limitación sino como una ventana de crecimiento. Tenemos empresas, tecnología, experiencia financiera y demanda de soluciones más ágiles. El reto está en conectar mejor esas piezas.

Por eso, iniciativas como el Consorcio de Factoraje de Círculo de Crédito cobran sentido cuando se entienden como parte de la infraestructura que el mercado necesita: herramientas para validar operaciones, reducir duplicidades y facilitar procesos más seguros y eficientes.

No se trata de digitalizar por digitalizar. Se trata de hacer que los datos construyan certeza. Cuando esa certeza se vuelve operativa, el financiamiento puede fluir con mayor precisión.

Los datos no son un fin en sí mismos. Son una brújula para reducir la incertidumbre, tomar mejores decisiones y acompañar a quienes buscan crecer.

El reto no es únicamente financiar más empresas, sino financiar mejor. Eso implica entender el contexto de cada operación, validar con mayor precisión y dar más certeza a otorgantes, proveedores y empresas. Significa hacer que la confianza deje de ser una buena intención y se convierta en una ventaja para la operación.

El factoraje no resolverá por sí solo todos los retos de las PyMEs, pero sí puede ayudar a que el valor que ya generaron se convierta en pasos hacia adelante. Hablar de flujo es hablar de productividad. Una empresa que cobra a tiempo puede operar con estabilidad, pero para que eso ocurra el mercado necesita procesos trazables, datos confiables y mecanismos que permitan decidir mejor.

Financiar más importa. Financiar mejor puede cambiar el ritmo de crecimiento de miles de empresas.

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