Fábricas de fraude: cuatro presiones críticas sobre bancos y fintechs
Las redes criminales ya operan a escala industrial y están generando estructuras dedicadas a producir identidades adulteradas, abrir cuentas mula (utilizadas para recibir y transferir dinero obtenido de forma ilícita) y mover recursos, lo que reta a bancos y fintechs de América Latina a mejorar los motores de prevención.
«Hemos identificado verdaderas fábricas de fraude. Comparten ubicaciones físicas y muestran patrones repetidos en las imágenes utilizadas durante los procesos de verificación, donde aparecen los mismos fondos”, afirmó Tomás Castañeda, director senior de Desarrollo de Productos de Sovos.
La compañía ha identificado evidencias de operaciones dedicadas a crear documentos adulterados y ejecutar intentos masivos de suplantación de identidad. «Hemos visto que se ha industrializado la forma de fabricar documentos de identidad falsos», aseguró.
Este panorama genera el desafío de fortalecer los mecanismos de validación de identidad, prevenir la apertura de cuentas fraudulentas y reducir la exposición a riesgos operativos y de cumplimiento. Por ello, enlistamos los cuatro desafíos que enfrentan los bancos y fintechs.
1. Aparición de cadenas de abastecimiento
La industrialización del fraude requiere insumos y las organizaciones criminales están construyendo mecanismos para conseguir identidades y rostros que luego utilizan en procesos de apertura de cuentas y suplantación, según Sovos.
“Los atacantes buscan rostros descartables”, aseguró Castañeda. Añadió que algunas redes reclutan personas en situación de calle o migrantes en condición irregular y les ofrecen dinero para utilizar su imagen en esquemas de fraude.
La consecuencia para las entidades financieras es que la identidad deja de ser únicamente un dato robado. También puede convertirse en un recurso obtenido y reutilizado por organizaciones especializadas, lo que eleva la complejidad de los procesos de verificación y onboarding digital.
“Lo hemos visto en los países de la región. Los atacantes van descartando rostros y utilizando nuevas personas para seguir operando”, advirtió Castañeda.
2. Cuentas mulas y sus riesgos
La segunda presión surge después de que una identidad fraudulenta logra superar los controles de apertura. El resultado suele ser la creación de cuentas utilizadas para recibir o movilizar dinero en beneficio de terceros.

Según Castañeda, las redes criminales comercializan estas cuentas entre personas que no pueden acceder fácilmente al sistema financiero formal. “Estas redes le venden cuentas a la gente que esté irregular en un país”, explicó.
Para las entidades, el problema trasciende la prevención de fraude pues las cuentas mulas también generan riesgos potencialmente asociados al lavado de activos, monitoreo transaccional y cumplimiento regulatorio.
El ejecutivo añadió que este fenómeno ha llevado a algunas organizaciones a complementar la validación documental con señales adicionales, como el análisis de la rastro digital de correos electrónicos o números telefónicos utilizados durante el registro.
3. La impunidad deja crecer al fraude
Como toda industria, estas redes criminales responden a incentivos económicos, además de estar estrechamente vinculadas a la baja capacidad de persecución de este tipo de delitos.
“En Latinoamérica hay mucha impunidad ante el fraude digital”, sostuvo Castañeda.
Explicó que los procesos judiciales suelen requerir altos niveles de evidencia y que las penas continúan siendo relativamente bajas frente al beneficio económico que obtienen los delincuentes.
Las entidades financieras enfrentan un escenario donde la tecnología sigue siendo importante, pero donde también pesan factores regulatorios, judiciales y de cooperación entre actores del ecosistema.
“A los atacantes les resulta un negocio muy lucrativo porque las penas son bajas y además a las policías les cuesta perseguirlo”, afirmó.
4. Más controles, más riesgo de fricción
Una mayor capacidad de generar identidades falsas provoca un aumento de la presión sobre los procesos de onboarding digital. Las entidades financieras enfrentan el desafío de reforzar los controles sin deteriorar la experiencia de los usuarios.
Según Castañeda, algunas billeteras digitales evitan incorporar mecanismos biométricos más robustos porque temen afectar la conversión. “Muchas veces no quieren implementar mecanismos de biometría porque no quieren fricción”, explicó.
Agregó que algunas organizaciones consideran que solicitar una fotografía del DNI o una selfie puede reducir la cantidad de cuentas abiertas. “Creen que la fricción de la biometría, que la foto del DNI, que la foto de la selfie puede disminuir la tasa de conversión”, afirmó el ejecutivo.
Ante ello, las entidades están explorando mecanismos complementarios para validar las identidades sin comprometer la experiencia digital.
Entre sos mecanismos destaca el análisis del rastro digital (digital footprint), que consiste en evaluar las señales que una persona deja en su actividad digital. Sovos asegura que este análisis ayudar a determinar si la identidad es consistente con un usuario legítimo o con un perfil temporal usado para hacer fraude.
También, se consideran variables como la antigüedad de la cuenta de correo, pues uno creado hace años suele ofrecer mayores indicios de legitimidad que uno generado minutos antes de un onboarding. Todos estos elementos ayudan a una validación capaz de suceder sin fricción para el usuario final.
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