14 febrero, 2019
Cómo eliminar la discriminación de género en la inclusión financiera

Es menos probable que una mujer tenga una cuenta bancaria que un hombre. Los gobiernos, las instituciones financieras y los empleadores pueden ayudar a cerrar la brecha de la inclusión financiera, dice Alice Merry

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Por: Alice Merry

 

En la última edición del Global Findex Database se reveló una estadística deprimente. A través de encuestas sobre el uso de productos financieros en más de 140 países, la data del Findex revela una brecha de 9% en países en vías de desarrollo, entre hombres y mujeres que tienen cuentas financieras. La brecha de género no ha cambiado desde que Findex la midió por primera vez en 2011.

La habilidad de las mujeres para manejar su dinero digitalmente, por encima del efectivo o de la cuenta de un familiar hombre, no sólo reduce la la brecha de género en términos de propiedad de las cuentas. También le da a la mujer mayor seguridad, privacidad y autonomía manejando su dinero y su vida.

Latinoamérica ha visto cierto progreso en el área. Entre 2011 y 2017, la brecha entre hombres y mujeres titulares de cuentas bancarias se cerró por dos puntos porcentuales. Ahora, 59% de los hombres y 52% de las mujeres tienen cuentas. Sin embargo, el progreso es verdaderamente lento y casi la mitad de las mujeres de la región siguen sin banco.

¿Qué hay detrás de esta discrepancia? Las causas están tanto al alcance como fuera del control, de los proveedores financieros.

 

Depósitos electrónicos

Primero, la manera en la que la gente recibe salarios y pagos del gobierno importa. Los hombres en Latinoamérica son más propensos a recibir dinero por pagos digitales, como pagos de la seguridad social, pensiones o salarios. De acuerdo a Findex, 32% de los hombres, comparado con 28% de las mujeres, recibieron algún tipo de pago digital en 2017. Los gobiernos pueden atacar esto depositando las ayudas gubernamentales en cuentas bancarias. Cuentas bancarias que estén a nombre de las mismas mujeres.

También, en el sector privado, especialmente en compañías que tengan muchas empleadas, se debe pagar a los trabajadores por vía electrónica.  Alrededor de 85 millones de mujeres en el mundo abrieron su primera cuenta bancaria para recibir pagos entre 2011 y 2017, estima Findex.

Sin embargo, mientras las mujeres estén sobrerrepresentadas en la economía informal, el impacto de estas iniciativas será limitado.  Estudios en México de la Comisión Nacional de Banca y Valores (CNBV) demostraron que promover que los sueldos se depositen en cuentas bancarias respaldaba la inclusión financiera para los hombres, pero tenía poco impacto sobre las mujeres, quienes son menos propensas a ser empleadas en el sector formal.

Para generar cambios significativos, nos conseguimos con la difícil tarea de asegurar que las mujeres tengan la oportunidad de trabajar en el sector formal.

 

Ahorros digitales para la inclusión financiera

Igualmente, las instituciones financieras pueden hacer cambios para estrechar la brecha de género, incluso para las mujeres que no reciben sueldos formales o ayudas gubernamentales.

Los servicios financieros digitales tienen el potencial de llegar a las mujeres excluidas y en áreas rurales. De hecho, una gran parte del crecimiento de la inclusión financiera de los últimos años es gracias a la tecnología, pero esto está muy lejos de ser automático todavía.

Para llegar  a mujeres excluidas, los servicios financieros deben ser específicamente diseñados para ellas y deben llegar de la manera que les sirva. Estudios en Chile sugieren que las mujeres prefieren ahorros seguros por encima de otros productos financieros y de igual manera, los productos de ahorros se quedan detrás de otros servicios que ofrecen los proveedores. De hecho,  la data analizada por el Centre for Global Development  sugiere que hay una importante diferencia en cuanto a preferencia de productos: globalmente, 63% de las mujeres se abrirían una cuenta básica de ahorros comparado con sólo 26% de los hombres.

Estos productos son particularmente importantes para las mujeres que trabajan como emprendedoras o en el sector informal, que es menos probable que reciban pagos digitales formales como pagos de sueldos.

Incluso, los servicios financieros digitales se proveen a menudo de maneras contraproducentes para las mujeres. Los proveedores de servicios financieros cuyos empleados con trato directo con el cliente son en su mayoría hombres, no deberían sorprenderse porque les cuesta conectar con las mujeres. Para satisfacer las necesidades de las mujeres, es importante contratar mujeres, que hablen con las mujeres en su lenguaje y las atiendan como quieren ser atendidas.

Alice Merry es consultora de inclusión financiera, con una década de experiencia trabajando con UN, NGOs y el sector financiero para atender mejor a los grupos excluidos y vulnerables.

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